Sentí
Me escapé de clases; el al aula de él
estaba al lado, yo moría en vida al verlo sonreír tan atento a su clase a
través del ventanal. Mi excusa era buscar a Patty mi prima mayor por dos años,
que estudiaba con él y siempre me decía que si necesitaba algo la buscase. Toallas higiénicas para los días R eran la 2da excusa perfecta y para mi buena
suerte, el Sr. Miguel, su profesor si entendía la realidad del embrollo
femenino, tenía una hija, era papá soltero, así que ya se imaginan.
Mientras hablaba con Patty en la puerta, yo no dejaba de intentar mirar sus ojos cafés, sus labios delgados, esa nariz con la punta redondeada, su piel canela y bronceada, sus lentes azules y su cabello corto que le daba perfección a su rostro. No estoy segura si mi prima sospechaba de mi amor platónico, pero se tomaba un tiempo prudente para buscar en su mochila el sobrecito de tela bordado que mi abuela nos hizo a todas las mujeres de la familia para guardar y conservar nuestras toallas, mientras yo me perdía en él.
Al encontrar el sobre, ella salía con una seriedad inminente se acercó y al oído me decía ¡Anda Nina, ahí tienes, vaya rápido al baño! Yo le decía ¡Gracias! le di un beso y corría sin soltar la mirada en él. En el baño me ponía a jugar un rato, me cambiaba la toalla, practicaba ridículamente mis juegos de mirada para conquistarlo como lo narrarían en un show americano de los 90s o de forma más actual en un tutorial de YouTube, apenas escuchaba pasos ingresando al baño, mis movimientos eran bruscos y salía despavorida del baño, no podía soportar la idea de que alguien me viera siendo real.
Llegué nuevamente a mi pupitre, interrumpiendo el paso a mi clase que estaba a 3 minutos de ir al recreo y la maestra me indico, que pase a la pizarra y "haga una operación combinada para obtener el tiempo excesivo que me tardé en ir al baño" Refutó que el tiempo para ir es de 3 minutos como máximo, a lo que respondí: Maestra, para eso no necesitamos una operación combinada sólo deducción pura, me demore pidiendo toallas higiénicas a mi prima 5 minutos, me demore caminando al baño 30 segundos, demore 4 minutos en ponerme la toalla y demore 1 minuto del baño hasta aquí, si multiplicamos, sumamos y combinamos mis ganas de aprender con sus ganas de querer dejarme en ridículo al pensar que una urgencia femenina debe ser ignorada para luego no poder salir al recreo por tener la falda manchada, nos da como resultado que apenas toque el timbre iré a la dirección a comentarle a sus superiores todo lo que me dijo por pedir permiso al baño, gracias y Ka boom ¡sonó el timbre! Como me moría de miedo salí corriendo al aula de Patty y le comenté lo sucedido, ella era brigadier y decidió acompañarme a la dirección. Mientras le contaba detalles tuve 3 minutos para ver la perfección hecha hombre en su salón que me dio la fuerza para poder enfrentar lo que se venía.
Ya en la dirección estaba lista para
decirle todo al Director, a la sub directora de Secundaria y al Auxiliar de mi
pabellón, pero no podía hablar, sentí miedo, sentí que hablar de algo tan
personal como la regla terminaría siendo visto cómo una ridiculez y no fue así,
Patty ya había empezado hablar mencionando lo considerado que era su
maestro en comparación con la mía, que él nunca creía que era una emergencia
que simplemente era un acto natural, que si necesitaban ir al tópico a
descansar un poco, tomar agua o dar una vuelta para liberar la ansiedad que
algunas mujeres experimentan esos días, sólo debían informarle el primer
día que entraban en esa etapa y el comprendería, ninguna de sus alumnas
incluida Patty usaba de excusa los días R para perder el tiempo fuera de
clases, estaban tan agradecidas por la confianza que su maestro les daba que no
le fallaban, sin embargo mi maestra decía que las mujeres debemos aguantar, que
para eso tenemos ovarios y no huevos a lo que una vez le respondí que
si teníamos huevos sin fecundar y me reí, no lo hice con maldad pero
supongo la inmadurez de la maestra le hizo creer que sí. Sin embargo, desde ese
incidente o antes creo, no recuerdo, ella nunca quiere darme permiso para ir al
baño y peor si le digo que tengo la regla.
Reitera que las mujeres somos más
fuertes que los hombres y que comportarnos como niñitas por la menstruación es
totalmente ridículo, que eso avergüenza a las mujeres que han luchado por la
igualdad muchos años, la verdad yo creo que cada ser humano es distinto, es
como decirle a un chico que no llore porque parece maricón, no todas las
mujeres somos iguales, algunas compañeras siguen igual, otras padecen de
ciertos dolores, mientras que otras hasta medicamentos toman. Yo a diario lucho
por la igualdad, trato con el mismo respeto a mis amigos y sí, soy una mujer
intensa por el simple hecho de ser abundante en esos días y digo
intensa porque me duele la parte baja de la espalda, tengo cólicos continuos,
me da sueño, me pongo pálida porque pierdo mucha sangre y lo más resaltante es
que me da más hambre y sed de lo habitual, aunque lo último no sea muy usual es
algo que intento manejar con sutileza y pido permiso para beber agua en clases,
pero la mala cara de mi maestra y su forma de hablar del tema con todo el aula
diciendo que mis "necesidades" en esos días son exageradas,
convirtiéndome en el hazme reír de sus 3 horas siguientes de clases,
despiertan mi sensibilidad menstrual y lloro cual Magdalena en un entierro y no
termino entendiendo nada de clase.
Sin pensarlo mucho, todo lo que había pasado por mi mente ya había salido de mis labios y los directivos habían oído las experiencias, se mostraron más receptivos de lo que imagine, a mis 14 años sentía que había ganado mi primer juicio en la vida. Salimos de la oficina y el recreo ya había concluido, mi maestra ya había cambiado de aula, mi maestra favorita de Historia Universal ya había iniciado la clase, al ingresar me disculpe por la demora y al verla desenvolviendo un papelografo corrí en su ayuda, esta señora fuera de ser una erudita en la materia, se merecía todo mi cariño y aprecio, era una dama de la empatía, del entendimiento y del buen trato, como una madre perfecta de catálogo, pero había decidido no ser madre en la historia real de su vida, en ella era la tía perfecta y obviamente la maestra perfecta.
Me dirigí a mi pupitre, mis ánimos
estaban a tope, me emocionaba mucho participar, salir al frente a leer los
textos, tenía una descarga de energía tan fuerte que con 2 horas los martes y 3
horas los viernes, sentía como si hubiera corrido una maratón y me
encantaba. Ella nunca permitía que un chico se burlara por la falda manchada de
sangre de una compañera, ella iba y le decía ¡jovencito vaya donde el conserje
y pida lo necesario para limpiar la silla de su compañera! Y nos repetía a
todos, en algún momento de su vida tendrán que ser empáticos y velar por el
cuidado de una mujer, sea su esposa o novia, una hija, una hermana e
inclusive su propia madre, que quizás la tenga esos días irritable o muy
sensible y ustedes no comprendan el porqué, pero es una ley natural de la
vida y no deben de burlarse, deben ayudar porque es algo que sucede y ya.
Yo siempre soy la primera en aplaudirla después de hablar y toda el aula me
sigue, ella me asiente con la cabeza y su mirada receptiva, pero no puedo estar
más feliz por tener una maestra como ella.
La semana siguió su curso y yo no dejaba de pasar todos los días por el aula contigua, debo de admitir que me sentía muy bien al verlo a diario, era como un soporte emocional indescriptible, donde no siento la necesidad de ir y hablarle, porque solo me he enamorado de lo que yo quiero ver y no de lo que realmente es, no se su edad, ni su segundo apellido, tampoco donde vive y mucho menos sé qué le gusta o que deporte práctica. Pero no es necesario, yo no quiero besarlo, tampoco quiero abrazarlo, ciertamente me da asco sentir esa proximidad que todos llaman nerviosismo, tengo 12 años y ver como se enamoraban en las películas o en los dibujos animados es divertido, pero yo no quiero eso.
La maestra de matemáticas, Cecilia con quién había tenido el cruce de ideas, me llamó antes de iniciar la clase de hoy viernes, me pidió que me sentara a su lado y que por favor escuchara cada palabra que no las iba a repetir, yo me sentí algo amenazada, pero me alejé medio centímetro de ella, porque no podía moverme más. Sus primeras palabras fueron ¡Lo Lamento! y yo con la cara pálida en el último signo de exclamación, voltee los ojos de manera graciosa y la interrumpí: Maestra, yo la aprecio aunque usted me de miedo y la aprecio a pesar de que pensemos igual, lo único que quisiera es que deje de ridiculizarme por mis ideas, yo nunca he querido bajarme el feminismo o demostrar que las mujeres somos débiles por el hecho de tener la regla, pero todas somos fuertes a nuestra manera, mi cuerpo quizás se comporte así a los 12, pero a los 20 mientras esté en finales por terminar la universidad no le tome la importancia necesaria al periodo y sea la chica más fuerte de todas, todos merecemos vivir nuestras etapas y ella me interrumpió: mereces vivir tu etapa siendo una niña fuerte, porque el dolor no significa debilidad sólo significa que somos seres humanos. Siempre es un gusto escucharte Marcela, lamento mi comportamiento y a tu edad me hubiera gustado ser como tú. Gracias Maestra, es un placer para mi escuchar sus disculpas, aunque era obvio que lo dije llorando, mi sensibilidad es algo extrema en estas épocas.
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