Era un miércoles de Otoño, entré corriendo a la sala de recepción, porque llegaba tarde a mi cita, en eso noté que alguien fijó su mirada en mi mientras me registraba, me senté algo incómoda lo miré de reojo y apenas
hicimos contacto visual, me pregunto ¿Vienes a lo mismo que yo? Yo le dije creo
que sí y sonreímos de manera avergonzada. Pasaron unos minutos de silencio incómodo, pero súper incómodo y empezamos a conversar
sobre lo que acontecía en la televisión, las noticias más deprimentes de la historia. Luego, con ganas de matar el tiempo, se sentó a mi lado y jugamos con las manos a las
vocales como dos niños de pre escolar, en la recepción se fueron sumando más personas, pero nosotros seguimos jugando. Noté que sus manos eran un tanto delicadas y conforme íbamos jugando se
ponían cada vez más frías y las mías más calientes que es lo normal pero no
pregunte, así pasamos los mejores 45 minutos de espera, hasta que lo llamaron, le di
una sonrisa y a la vez nos dijimos ¡Nos vemos! acompañado de la señal de paz y amor y un guiño. A los minutos era mi turno, pero en otra oficina. Demoré alrededor muchísimo en esa charla, fue muy tedioso saber que algunas cosas irían bien y otras mal, nadie me acompañaba, el trabajo, los estudios y demás no encajaban en este tema para mi familia.
Al salir con el ánimo hasta el suelo, lo encontré de nuevo, ya me había olvidado de él, pero me estaba esperando en el sillón, apenas me vio se levantó y me dijo ¡Te estaba
esperando! ¿Cómo te fue? Le devolví la sonrisa y le dije pensé que ya no nos veríamos, mientras salimos juntos del lugar. Ya en la calle
seguimos caminando en silencio, ninguno se decidía romper el hielo nuevamente, habíamos
caminado muchas cuadras y me decidí preguntar: ¿Vamos a comer papas y hamburguesa
con queso? Vi sus ojos brillar tanto y enseguida recibí un ¡siiii! casi infinito y empezamos a
conversar nuevamente como si nos conociéramos de hace muchos años. Hablamos de música, juegos, juguetes, libros y de los lugares en los que nos gustaría vivir en algún momento.
El
restaurante estaba muy cerca de ahí,
sólo que teníamos que cruzar una avenida muy grande y transitada, él me sugirió
que tomemos otro camino y le pregunté ¿Por qué? A lo que respondió, le tengo
mucho miedo a las avenidas, la gente me abruma, el sonido de las bocinas de conductores acelerados me perturba y me termino quedando a la mitad de la pista mareado. Lo miré y le dije confía en mí, caminamos hasta una esquina con una linea peatonal bastante amplia y cuando el semáforo cambio a rojo tome su mano y le dije ¡Es ahora o
nunca! Y empecé a correr, su cara era de terror, pero ya no podía hacer nada, estábamos
corriendo por esa avenida entre tanta gente que se fastidiaba porque estábamos corriendo.
Llegamos a la acera de enfrente y me dijo, tomando una pausa ¡¿Estás loca?! Le saque la lengua y le
dije: ya lo hicimos, fuimos responsables cruzando en Rojo para autos y Verde para peatones, ¿tú sigues vivo, o
no? Me miró y jalo mi mano que aún no había soltado y me dijo, no me vuelvas a
soltar hasta que lleguemos allá, lo agarré aún más fuerte y seguí corriendo, era
como jalar un bulto de 100 kilos por unas largas cuadras llenas de gente que no
dejaban de mostrar molestia al vernos correr, yo de rato en rato volteaba a
verlo y le sonreía, su miedo se había ido y ahora sólo se reía. Era como magia hecha realidad ver su sonrisa, no me gustaba físicamente,
pero me daba tanta alegría verlo, que me hacía feliz. Apenas llegamos al restaurante, en la misma puerta le solté
la mano y le dije ¡Vamos a comer, después de tanto ejercicio! Me respondió ¡Sí! teníamos movimientos tontos cada que nos respondíamos.
Cuando estábamos en la cola para hacer el pedido le pregunté con un tono casi de susurro ¿Qué te parece si pedimos helado y lo comemos con papas fritas? y luego alcé la voz y le dije ¡Es la cosa
más deliciosa de todas! miró a un lado como meme y me dijo: Estás loca
realmente, pero ¿sabes? ¡¡¡Yo también!!! Me encanta esa combinación y empezamos a
saltar como estúpidos. Sí, realmente éramos dos estúpidos haciendo el ridículo
en un lugar público, pero, en fin, la gente nos daba igual, siempre nos dieron
igual.
Luego de hacer el pedido y pagar contando nuestros "ripios" corrimos a la mesa del segundo piso y vimos que los juegos para niños estaban libres, entonces decidimos entrar directamente a la piscina de pelotas, fueron los mejores 5 minutos de nuestras vidas (al menos para mi) yo siempre había anhelado volver a entrar a la piscina de pelotas, pero ya tenía 15 años y ningún centro recreativo para "grandes" tenía una piscina de pelotas, era tan relajante sentir las pelotas en el cuerpo como un masaje, hasta que sentí que me tocaron el pie y era él jalándome al fondo de la piscina diciendo que encontró algo y yo asustada porque había olvidado que estábamos juntos. Al llegar a la parte baja de la piscina, me enseño un billete de 10 soles y un juego de llaves con un Fido Dido colgando de él y dijo: Somos millonarios, podríamos comer mas helados con papás fritas con un tono de voz agudo y nuestras caras con sonrisas cómplices, pero cuando sacamos la cabeza de la piscina habían alrededor de 15 niños corriendo por todos lados y una señorita con cara de pocos amigos diciendo: Tengan la amabilidad de salir de los juegos por favor, vamos a iniciar una fiesta y él la interrumpió diciendo en tono seductor: Señorita hemos encontrado un juego de llaves, es una pieza valiosa para alguien, ¿Dónde podemos dejarlo para que no tomen por perdidas sus llaves? La señorita al ver su rostro, se quedó sorprendida y le sonrió de oreja a oreja, "Amigo, soy Sofía puedes ir a la caja, ahí preguntas por el administrador, él sabrá que hacer" yo mientras salía de la piscina volteaba los ojos, porque era obvio que la señorita le sonreía porque le gustó y se hizo la buena gente después. Lo mire y le hice el gesto de meterme el dedo a la boca y querer vomitar, él me miró y alzó las manos mirando para arriba, como diciendo "soy irresistible".
Bajamos las escaleras con los zapatos a medio atar y fuimos por nuestro pedido, dejamos las llaves al administrador y le pedimos una hoja para escribir "SI PERDISTE UN FIDO DIDO, PREGUNTA POR ÉL EN CAJA" lo pegamos en la puerta y era obvio que la persona que había perdido sus llaves, lo sabría. Volvimos a subir las escaleras, pero ésta vez lejos de la gran tentación que eran los juegos de niños y nos sentamos a un lado del gran ventanal del local, ahí nos sacamos los zapatos y nos sentamos cómodamente en el sillón a comer el delicioso helado de vainilla con papas fritas. La combinación para muchos puede ser realmente asquerosa, pero teníamos ese gusto en común y la verdad a él lo conocía hace 3 horas, no sabía su nombre porque use mi nombre para el pedido, pero sentía que lo conocía de toda la vida. Me quedé pensando en la comodidad que me generaba al hacer algo que me nacía sin sentir rechazo, era magia pura. Yo siempre había sido rechazada en muchos aspectos de mi vida, en mi primer colegio no podía decir que extrañaba a alguien porque ninguna amiga fue verdadera y en éste segundo colegio en mi grupo de amigas siempre me dejaban de lado cuando no era muy femenina, para todos los chicos yo era muy fea, en mi casa mi mamá desconfiaba de mi y me decía que yo no era tan bonita como ella a mi edad, yo pesaba 70 kilos y sólo tenía 15 años. Se me hacía muy difícil acercarme a la gente, pero nuestra química inminente no era de éste universo.
Cuando ya estaba a punto de terminar mi helado, él me tiró una papa en la cara y me dijo ¿vas a comer o lo vas a regalar? Lo miré extrañada y le dije ¿qué, estas apurado? Me dijo, pensé que estabas viendo por la ventana y le dije: no, no estaba pensando en que ya debo ir a casa. Él me dijo entonces no comamos las hamburguesas y guardémoslo en la bolsita, es mejor que nos vayamos, para mi también es tarde. Le sonreí y le dije: sí, sí. Me replicó, pero entendiste ¿Por qué es mejor que no comamos las hamburguesas? Le respondí, ¿Por qué estoy muy gorda? Me dijo: ¡No! ¿Qué hablas? y empezó a reírse de manera escandalosa, yo algo avergonzada le dije: Ya cállate y dime para ¿que? Me dijo, ¿no viste a los niños que están afuera? Están vendiendo caramelos y no sabemos si han comido, mejor se lo damos y yo prometo invitarte un helado con papas otro día con esos 10 soles que encontré ¿está bien? Le respondí, sí. pero dentro de mi pensaba, Dios que chico para más perfecto, me hubiera gustado que la vida me diera un hermano como él, tengo dos hermanas y no siento ningún tipo de apego por ellas. Él interrumpió mi pensamiento, dándome la mano y diciendo: ¿Lista? ahora era él quién corría delante jalándome como un bulto por las escaleras, hasta llegar a los niños. Les dimos las hamburguesas y los niños apenas dijeron gracias, empezaron a comer, nosotros sólo sonreímos y seguimos nuestro camino, pasamos nuevamente por la avenida y le repliqué, ¿aún tienes miedo de ir por ahí? Me dijo: Si estoy contigo, ya no tengo miedo, me abrazó como pudo porque medía algo de 1.90 mientras que yo apenas 1.65 seguimos nuestro camino y llegamos a la parada del bus, nos quedamos mirando unos minutos en silencio, pero está vez nos observamos de manera diferente, yo quería preguntarle su nombre, porque ahora que recordaba sólo había escuchado su apellido cuando lo llamaron y él me dijo: dame tú número y la próxima vez que nos veamos tú me dices tu apellido y yo mi nombre, fue como si me hubiera leído la mente, entonces le di el número de mi casa, porque me habían quitado el celular por salir y llegar tarde, cosa por la que mi castigo se iba a prolongar una semana más, ya que ese día estaba llegando muy tarde, eran las 5:50pm y mientras llegaba a casa llegaría a las 6:20pm y me dijeron que debía llegar máximo a las 4:00pm .. Bueno, podía excusarme con el tráfico, que me perdí o que quizás que se demoraron en atenderme, pero era un hecho, no tendría celular una semana más.
Nos despedimos con un fuerte abrazo, de esos que te rompen los huesos y te reconstruyen el alma, cada quién tomo su bus y nos sacamos la lengua antes de subir. Yo tenía costumbre de sentarme al final en los asientos altos, pero el único asiento alto estaba pegado a la ventana, me saqué el saco, me acomodé y empecé a sentir la música que tocaban en el bus, por primera vez un conductor no elegía cumbia o algún tema vernacular que sólo hablaba del desamor, la cerveza, sus ganas de matar o de matarse. Tenía en su playlist bossa nova, la música favorita de mi hermana mayor. Me sentí más feliz que de costumbre y suspiraba cada tanto porque había encontrado mi alma gemela.
Mientras mi mente divagaba entre el universo, mis deberes y mis resultados y la ansiedad por llegar a casa para que no me gritaran, la señora que estaba sentada a mi lado bajó y alguien se sentó, me toco el hombro y me dijo ¡BOOO! mi cuerpo saltó, mi corazón se aceleró y dije ¡Maldición! y cuando vi su rostro, era él de nuevo y me dijo: "No podía esperar a decirte mi nombre: Soy Helado con Papas fritas Balzet, y tú eres Marcela Hamburguesa con Queso" puso su dedo en mi frente y concluyó: espera mi llamada, se bajó del bus, me mordí los labios y reí de manera avergonzada para mi misma, volví a mirar por la ventana y no lo encontré, así que me volví a sumergir en mis buenos y malos pensamientos, porque el futuro que estaba por venir no iba a cambiar mi castigo, pero si mi vida.
Hermosa historia 💌❣💯😉👍
ResponderEliminarMuchas Gracias !!!!
EliminarGenial me encantó!!!!!
ResponderEliminarYa quiero leer el sgte capítulo, eres arte primita 🤩
Muchas Gracias Primita!!!
EliminarMe gustó el capítulo, pero me deleité con el desenlace, creo q es la mejor parte. Bravo por eso! Voy al siguiente 🙌🏾
ResponderEliminarMe gusto mucho! ❤
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